Guía para padres
¿Cómo preparar a su hijo(a) para la toma de muestra sanguínea?
Bebés:

- En el caso de los bebés, sin importar el tipo de examen o procedimiento, el bebé probablemente llora como una respuesta normal al ambiente extraño, a las personas que no le son familiares, a la inmovilización y a la separación de sus padres. Incluso puede llorar más por estas razones que por la misma incomodidad del examen o procedimiento.
- La presencia de los padres es de gran ayuda durante la toma de la muestra, especialmente si es posible mantener el contacto físico con el bebé.
- Si los padres piensan que pueden indisponerse o sentirse muy ansiosos, lo mejor es que traten de guardar la distancia, pero manteniéndose siempre a la vista del bebé.
- En caso de no sentirse capaces de estar presentes, pueden dejar un objeto que le sea familiar al niño para que lo conforte durante el procedimiento.
Niños(as):
- La preparación adecuada de un niño para una prueba de laboratorio puede reducir su ansiedad, alentar la cooperación y ayudar a desarrollar habilidades para enfrentarlo.
- Se debe explicar al niño en el hogar y en palabras sencillas para se que va al laboratorio clínico y por qué. Hacerle ver que es una práctica normal a la que no debe de temer. Las explicaciones sobre la prueba deben limitarse a máximo 5 minutos, los niños pequeños tienen un período de atención corto. Cualquier preparación debe realizarse justo antes del examen o procedimiento. Si el niño es más grande, se le debe permitir al niño participar y tomar todas las decisiones que pueda.
- Explicar el procedimiento en un lenguaje que el niño entienda, usando términos concretos y asegurarse de que el niño entiende cuál es la parte exacta de su cuerpo que está
involucrada y que el procedimiento se va a limitar a esa área.
- Asegurarse que el niño entiende que el procedimiento no es un castigo, haciendo énfasis en las cosas placenteras que sucederán después del examen. Pero lo más importante es ayudar al niño durante este proceso acompañándolo en todo momento y demostrándole su preocupación por él.
- Demuéstrele seguridad al niño(a). Descríbale lo que se siente durante el examen lo mejor posible; ser honesto con el niño sobre las molestias que puede sentir (un pinchazo pequeño, rápido), pero no extenderse en el tema para no despertar inquietudes innecesarias en el niño.
- Si lo considera necesario, excluya de la explicación detalles que crea que le causarán más estrés al niño; enfatizar los beneficios del procedimiento y todo lo que puede darle placer al niño posteriormente, como el hecho de sentirse mejor o poder irse a casa.
- El niño(a) debe llegar al laboratorio lo más tranquilo posible, y el padre de familia o encargado debe colaborar con el manejo del niño para la toma de la muestra. Un niño alterado dificulta la labor del microbiólogo y aumenta la posibilidad de fallo en la toma.
- Es probable que el niño llore antes y durante la prueba, por lo que puede ser necesario inmovilizarlo. Esto es una respuesta normal ante un ambiente extraño, personas desconocidas, restricciones, etc. El niño puede llorar más por estas razones que por lo incómodo del examen o procedimiento. Saber esto de antemano puede ayudar al adulto a liberar parte de su ansiedad por lo que puede suceder. La obtención de información específica sobre el examen puede ayudar a reducir aún más la ansiedad en los padres.
- En niños más grandes (6-11 años): sugerir maneras de mantener el control: contar, respirar profundo, relajarse (pensar en cosas placenteras), permitir al niño participar en tareas simples, incluir al niño en el proceso de toma de decisiones.
- Es importante que el niño tenga control de la situación, es él o ella quien permite que se realice el procedimiento, es el paciente y por tanto, hay que enfocarse en convencerlo de lo necesario que es y de los importante que va a ser, y por otra parte que no hay posibilidad de "escapar al procedimiento".
- El niño puede ser inmovilizado durante la prueba con las manos. Los niños pequeños no tienen el control físico, la coordinación y la capacidad de acatar órdenes como lo pueden hacer los niños mayores y los adultos.
- La inmovilización puede ser necesaria durante el procedimiento o en cualquier otra situación para resguardar la seguridad del niño. La mayoría de los exámenes y procedimiento exigen una precisión extrema para obtener los resultados deseados, asegurar resultados precisos de un examen o evitar una lesión en el niño.
- Puede que el niño se resista al procedimiento. En esos casos se debe abordar al niño de una forma firme y directa, ya sea por parte del adulto o por parte del personal médico. La mejor manera de enfrentar la terquedad del niño es dar una sola instrucción a la vez durante el procedimiento, utilizando una o dos palabras.
- La presencia del adulto ayuda al niño durante el procedimiento, sobre todo si el examen permite que el niño mantenga un contacto físico.
- Si el adulto cree que puede ponerse ansioso o marearse, debe considerar quedarse a cierta distancia, pero siempre dentro del campo visual del niño.
- Si no es posible que el adulto esté presente, y el niño es de corta edad, se puede dejar un objeto familiar acompañando al niño puede ayudarlo a sentirse mejor.
Adolescentes
- Se recomienda dar una explicación e información detallada acerca de las razones del procedimiento.
- Se debe permitir que el adolescente participe y tome la mayor cantidad de decisiones posibles. Dependiendo de la edad e independencia, es posible que el adolescente quiera o no que sus padres estén presentes durante el procedimiento, puesto que la privacidad es importante a esa edad y se debe respetar.